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La reciente presentación
del Plan Estratégico Nacional de Turismo (PENTUR),
señala los objetivos que debemos alcanzar en los
próximos 10 años para el desarrollo del turismo
sostenible en el Perú. Lo más significativo
es que a diferencia de otras propuestas anteriores, el PENTUR
ha sido preparado con una amplia participación del
empresariado, las regiones y diversos actores involucrados
en la actividad turística y cultural.
En el corto plazo, el objetivo principal es mejorar la calidad.
Hay medidas concretas que atender para consolidar nuestros
destinos turísticos más atractivos: infraestructura,
servicios, y coordinación del sector público
con el privado. Creemos que en esta primera fase del Plan
es trascendental el liderazgo y compromiso que cumplan los
gobiernos regionales, y es indispensable que consideren
al turismo como un aliado en sus estrategias de desarrollo.
Por otro lado, existe cierta preocupación sobre las
prioridades del PENTUR, lo cual se refleja claramente a
través del manejo que se le está dando al
Fondo para la Promoción y Desarrollo Turístico
Nacional (que proviene del impuesto al turista extranjero).
El Plan tiene destinado un 80% para la promoción
y tan solo un 20 % para preservación e infraestructura,
lo cual nos parece inconcebible. Hay que tener muy claro
que la inmensa mayoría de viajeros que llegan al
Perú, lo hacen atraídos por su riquísimo
patrimonio cultural y natural. Conservarlo y ponerlo en
valor será siempre la mejor manera de promoverlo.
Los objetivos parecen más difíciles de cumplir
en los planes a mediano y largo plazo. El mayor reto consiste
en lograr que la sociedad peruana en pleno se involucre
en el proyecto; para dar ese gran salto, resulta indispensable
desarrollar en nuestra población una conciencia cívica
activa, en defensa del patrimonio y a favor del desarrollo
turístico sostenible. De ese modo se podrá
también multiplicar el empleo y fortalecer el proceso
de descentralización. Solo así podremos crecer
de manera sostenida y consolidarnos como el país
sudamericano más atractivo e interesante para el
turismo cultural, ecológico y de aventura de las
próximas décadas.
Para afinar su perspectiva en este crucial momento de definiciones
sobre el turismo y las políticas de protección
al patrimonio cultural y natural que el Estado y la sociedad
deben emprender de modo prioritario, Bienvenida vuelve en
este número al Cusco, punto inspirador de arribo
y de partida para nuestra aventura. Desde el llamado "ombligo
del mundo" hemos vuelto a emprender el recorrido iniciático
hacia el Titicaca, mar interior de la cultura andina. Un
nueva mirada sobre un espacio que parece inagotable por
su carga histórica y estética.
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